Podemos encontrar indicios de representaciones arquitectónicas desde la prehistoria en pinturas rupestres. Egipcios, mesopotámicos, griegos y romanos hicieron grandes avances, pero la utilidad de sus dibujos, maquetas y relieves, no iba más allá de la construcción, ritualidad, ornamentos o simbología. No fue hasta el renacimiento, cuando se estaba a punto de demoler la antigua Basílica de San Pedro para construir la nueva, que se toma conciencia de que un importante edificio histórico estaba por desaparecer, y era necesario hacer una debida representación del mismo para tener un registro.
Es a partir de entonces que se comienza a desarrollar la tarea de la infografía del patrimonio, la cual ha avanzado mucho desde entonces, incorporando avances tecnológicos como la fotografía, el ordenador, y recientemente la realidad virtual aún desarrollándose.
Pero, sin importar que herramienta se utilice, siempre habrá que tener la conciencia de la importancia que tiene esta labor antes de realizarla, y saber que la misma involucra no sólo a uno o varios edificios, sino una parte invaluable de la riqueza cultural de una sociedad.
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